África es un continente lleno de inestabilidad política. Según la región en la que nos situemos, encontraremos un problema de naturaleza distinta; desde el islamismo radical que sufren Libia y Egipto hasta el galopante racismo de Sudáfrica, que ha derivado en uno de los países con una de las mayores tasas de asesinatos del mundo, pasando por las interminables guerras civiles de la zona central del continente (República Democrática del Congo, Angola…). En los países occidentales son ajenos a los problemas de este continente. Suficiente tienen.
Por ello, cuando surge algo en aquel continente que es trágicamente normal para ellos pero que toca de cerca a Occidente, nos sorprende. Es el caso de la cancelación del Dakar 2008 por amenazas terroristas. En Europa, ajenos hasta no hace mucho a este tipo de eventos, nos pareció inverosímil la cancelación, pero olvidamos que Mauritania es un país que sufre bastantes lacras, entre ellas la del terrorismo. ¿Se imaginan que Dani Sordo tuviera que abandonar un rally porque le roben su Hyundai i20? Suena a ciencia ficción, pero en el Dakar ocurrió una historia bien conocida por todos los aficionados al motor. A Ari Vatanen le “secuestraron” el coche en plena celebración del Dakar.
Corría el año 1988, el campeón del mundo de rallies en 1981 -vigente defensor del título africano- y Juha Kankkunen -bicampeón por entonces con Lancia-, se disputaban la victoria en el rally más duro del mundo. Para más morbo eran compañeros de equipo en Peugeot, que en 1986 abandonó el WRC tras la prohibición de los Grupo B para centrarse en el Dakar.
Aquel año la prueba arrancó en Versalles, para después trasladarse a Argelia y pasar por Níger, Malí, una breve estancia en Mauritania y un fin de fiesta en Senegal, como correspondía. Una edición que destacó por tener un recorrido inédito en su mayoría, y en la que se atravesaban nada menos que 630 kilómetros diarios de media, entre secciones de enlace y cronometradas.
La llamada
Nada extraño había ocurrido en aquella edición, aunque cabe destacar que en un solo tramo, que cruzaba el Gran Erg oriental (una región del Sahara noreste, entre Túnez y Argelia), dijeron adiós 166 competidores. Pero el 18 de enero, en la etapa 15 del rally, que arrancaba en Bamako (Malí) justo antes de empezar, Jean Todt, jefe del equipo Peugeot, recibió una llamada. “A las 7:15 de la mañana me ha llamado a mi habitación de hotel una persona que parecía europea, diciéndome que tenía el coche de Vatanen. Me pidió que fuéramos en taxi a un punto determinado con 25 millones de francos si quería recuperarlo”, señalo. Lo más cruel de la historia es que Vatanen lideraba por dos horas con su Peugeot 405 T16 sobre el 205 T16 de Kankkunen. En otras palabras, una victoria casi asegurada.
Nadie se lo podía creer, y menos Vatanen, que sólo podía esperar con impotencia a que el coche apareciese, y que lo hiciese antes de la hora de inicio de arranque de la etapa. Si no, sería descalificado. Por desgracia para él, así fue. Ni tan siquiera cumplió la media hora adicional que daba la organización. Pero todavía quedaba un último y retorcido giro a la historia. Unas horas después apareció el vehículo en un descampado en Bamako, intacto, sin una gota de gasolina, y con muchas preguntas por resolver.
Vatanen y Peugeot trataron en vano de iniciar la etapa, pero con un retraso de dos horas, la organización fue inflexible. La victoria finalmente fue para Juha Kankkunen, como era de esperar. A Vatanen no le quedó más que el título de campeón moral, y resarcirse ganando los tres años siguientes. Después volvería al WRC de mano de Subaru, pero eso es otra historia.
¿Quiénes eran los misteriosos ladrones con acento europeo?, ¿cómo robaron un coche delante de todo el mundo?, ¿pagó Peugeot el rescate?, ¿por qué apareció sin gasolina pero intacto y en aquel lugar concreto? Por mucho que se buscó, no se encontraron ni huellas sospechosas en el 405 T16. Es como si hubiese desvanecido para volver al plano terrenal horas más tarde. El tiempo justo para privar a Vatanen de una victoria casi asegurada. Para resolver estas preguntas se han elaborado de todo tipo de teorías y análisis. Quizás alguna esté en lo cierto, quizás no. Cabe hasta la conspiración más delirante, porque realmente nunca sabremos lo que sucedió. Es uno de los encantos, o maldiciones, de esta prueba.