Lo que queda tras la derrota. Observando cada gesto de las jugadoras se podría decir que no queda nada. La ilusión de saberse finalista antes de tiempo quema la piel e irrita las pupilas de lágrimas, de decepción, en unas jugadoras a las que nadie les podrá reprochar nada, si no que ellas mismas serán probablemente su mejor juez.
¿Cómo poder superar un golpe? en tu propia ciudad, frente a tu gente, tu familia, frente a los que querías que te vieran triunfar de cerca porque no siempre pueden viajar. ¿Cómo se puede arrancar de la mente la final que tantas veces has visualizado, presentido y planeado?
El deporte te quita y te da en igual proporción, y en eso radica su magia, en lo imprevisible. Las expectativas que generan los triunfos no son las que te hacen ganar, nadie gana de antemano, la realidad es metódica y caprichosa. Las expectativas presionan en exceso, desajustan la fortaleza y el equilibrio interno y te hacen temblar frente a una realidad que seguramente si la asumiéramos como aceptable sería más fácil y llevadera, nos permitiría encarar los retos desde la neutralidad, con las miras y la energía concentrada en lo que aún está por hacer.
Tras el debut de las Guerreras del Agua todos vimos que si continuaban por esa senda, el oro estaba muy cerca. Pero la realidad superó las expectativas y en un partido en el que España estuvo poco acertada, el camino se difuminó en cada gol que no acertaban marcar y las griegas, sin nada que perder, viviendo el presente sin presiones añadidas, sumaron minuto a minuto, sin parar, más goles en el marcador final.
Hoy, podríamos titular el encuentro de esta forma: “Barcelona se suma a la conquista de las Guerreras del Agua”. pero no podrá ser y no pasa nada, porque el mayor triunfo será recuperarse rápidamente de esta derrota y seguir preparándose para un nuevo campeonato y un nuevo titular. El oro pronto llegará.